martes, 2 de diciembre de 2008

Imposible de expresar

No es fácil de explicar el significado de estas lágrimas. A veces, los sentimientos no se pueden expresar con palabras. Algo que he aprendido con el paso del tiempo es a ocultar el dolor. Refugiarlo en el corazón e ir haciéndole hueco poco a poco hasta que ya no quede rastro de lo amado. Es muy duro, pero sé que ninguna palabra que pueda decirte hará que cambien las cosas entre nosotros.

No voy a pedirte nada. No voy a decirte cuánto te he amado, ni cuánto habría hecho por ti. Puesto que son simples palabras -vacías en realidad- , como para describir lo que de verdad siento. No me excusaré en nadie ni en nada para ocultar mis errores. Siempre estarán ahí para recordarme lo que jamás pude conseguir. Sé que el tiempo irá destruyendo esto que intento expresarte ahora mismo, y que el dolor irá tiñendo los recuerdos del color de la amargura, pero nada, absolutamente nada, puede cambiar este sentimiento que intento expresarte. Un sentimiento que se niega a salir de mi cabeza. Que confunde mis sentidos y retumba continuamente en mi mente. Un pensamiento que me hace sentir sólo cuando no estás y que me apuñala a cada segundo. Es la voluntad de quererte, de querer recordarte a todas horas, de hacerte inmortal en mi corazón. Pretender tu felicidad siempre, incluso desatendiendo la mía.

Debes saber que quise comprenderte, en cada pensamiento. Ver tus sueños y darte alas para que volases. Poder decirte que eres la única, abrazarte y sentir tu corazón junto al mío. Ser todo cuanto necesitaras que fuese por y para ti. Pero no puedo cambiar tus sentimientos. Ni quiero que lo hagas. Todo esto me servirá para aprender que no volveré a amar jamás como ahora mismo estoy haciendo. El vació que dejes en este pobre corazón tendrá siempre tu huella.

Pero no, no digas nada. Me voy. Necesito de la soledad para sentir esto que acabo de decir, y del dolor para enseñarme a no recordarte. Nunca podré decirte con palabras cuanto te amé, pero así es mejor. Me despido aquí. Hasta siempre.

martes, 7 de octubre de 2008

"No llores"

El ruido de la lluvia se mezclaba con el silencio. La calle estaba vacía. Nadie se atrevía a aventurarse por las calles debido a la fuerte lluvia. Estábamos ahí, el uno delante del otro con la mirada perdida en el suelo. El sonido de las gotas caer se acompasaba con los latidos de mi corazón. Miré al exterior. Una cortina de agua separaba nuestro improvisado refugio de la tormenta.
Intenté mirarla a los ojos pero enseguida volví a agachar la cabeza. Ella estaba inmóvil a mi lado, absorta en sus pensamientos. Finalmente conseguí levantar la mirada y fijarme es sus preciosos ojos. Ella me devolvió la mirada y volvió a su postura inicial. Volví la cabeza y miré al cielo. La lluvia seguía cayendo con fuerza y la luna brillaba más que nunca. De nuevo, puse mi mirada sobre sus ojos. Estiré el brazo y cogí su delicada mano. Entonces ella me devolvió la mirada. Sus brillantes ojos dejaban caer lágrimas cristalinas, que se deslizaban por sus mejillas hasta verse precipitadas al vacío. "No llores", le dije. Ella no respondió. Se limitó a seguir mirándome fijamente. Quise acercarme a ella pero me evadió. Soltó su mano de la mía y echó a correr entre la espesa lluvia.
Corrí tras ella. No podía perderla de esta forma. Al alcanzarla la volví a coger de la mano. Ella paró en seco y se dio la vuelta. Su mano permanecía cálida a pesar del frío helado de la noche, y su rostro, reflejaba una inmensa tristeza. Al momento se abalanzó sobre mí. Nuestros cuerpos se encontraron en un fuerte abrazo. Se me paró la respiración. Notaba sus brazos hacer fuerza contra mi espalda. Entonces rompió a llorar. No supe que reaccionar ante eso. No podía devolverle el abrazo. Mi corazón estaba a punto de estallar. Se retorcía sobre mi pecho como un animal agonizando. No podía dejar de pensar en todo lo que estaba a punto de perder. No contemplaba mi vida sin ella. Nunca pensé que esto pudiera llegar a pasar. Había dado todo por otra persona y ahora no me quedaba nada con lo que seguir adelante.
La estreché entre mis brazos. Los sollozos cesaron. Entonces nuestras miradas se cruzaron, como si nos hubiésemos leído el pensamiento. La lluvia caía por su rostro junto con las lágrimas, que aún seguían en sus parpados. Nunca la había visto tan hermosa. Cerré los ojos e instintivamente acerqué mis labios a los suyos. Podía notar su aliento sobre mi cara. Ya no había lluvia ni nada a nuestro alrededor, el tiempo se había detenido por nosotros. Sólo estábamos ella y yo. Entonces noté un susurro acariciarme la piel: "Nunca te olvidaré"; y nuestros labios se fusionaron en un beso que jamás podré dejar de recordar.