Cuando llega un punto que las lágrimas no me consuelan y el mundo entero se me escapa de las manos. Cuando quiero sentir dolor pero en su lugar percibo vacío. Es en ese momento cuando ya no vivo.
Cuando veo que mi mundo ya no es tu mundo y pasa a ser desconocido, entonces me pierdo. Me hundo en ese laberinto sin salida de pensamientos confusos y absurdos, y pienso: ¿es todo tan distinto?
Las imágenes se me suceden y recuerdo momentos. Siento el suave tacto de la huella del ayer. Cuando era fácil. Lo importante no era el cómo, sino el por qué. El hecho en sí: dos personas, un sólo corazón, una unión inmortal e irrompible para el mundo mortal y pasajero.
He olvidado el momento en el que dejé de entender tus palabras. Lo dejamos pasar, lenta y tristemente. Pero yo sigo queriendo entenderte. Intento leerte. Escucharte y comprenderte. Pero sólo me queda este amargo sabor que me entorpece y este lastre que me hunde hasta las profundidades, lejos de ti.
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