Y entonces vuelves después de dos años desaparecida. Me hablas un día sí y tres no, despreocupada, y me haces recordar. Me doy cuenta de que me siento igual que hace esos dos largos años. Sin ti. Al alcance de la mano pero imposible de tocar. Una sensación que jamás pensé que pudiese soportar pero que se va alargando infinitamente en el tiempo.
Llego a la conclusión de que mi mundo se separa en dos: lo que quiero hacer y lo que debo; lo que quiero es obvio y lo que debo hacer es avanzar, olvidar el pasado, olvidarte. Pero no quiero, no quiero dejarte atrás. Necesito de ese sufrimiento para sentirte en mí, para fingir que todavía no te he perdido.
Y me pregunto: ¿qué es el amor? A parte de una enfermedad mental. ¿Por qué me niego a dejar de quererte si quererte me produce sufrimiento? Es porque me encanta cada detalle de ti, cada gesto, cada mirada, cada rareza, cada sonrisa. No poder descifrarte ni en un millón de años e insistir en conseguirlo. Saber que al conocerte le di verdadero significado a la palabra amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario