Pasan los días y yo sigo mirando el horizonte. El tiempo pasa rápido e inexorable y soy incapaz de ver el movimiento de lo que me rodea, del mundo.
Me pierdo en el horizonte, la meta del camino, a donde todos esperamos llegar algún día. Es el futuro que queremos alcanzar. En cambio, mi horizonte permanece estático, inerte, se burla de mi desesperación.
Mi incapacidad de avanzar me condena a ser un simple observador de la vida. Gracias a eso todavía encuentro belleza, aunque nunca la podré sentir ni tocar, pero ahí está, recordándome que hay esperanza.
Estoy seguro de que en algún lugar, en el horizonte, habrá mucha más esperando, pero yo no puedo evitar perderme en el tiempo.
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